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El "Consejo Caucasiano" de la OTAN

Por: Andrei Fediashin
RIA Novosti.

La reunión extraordinaria del Consejo de la OTAN convocada el 19 de agosto a exigencia de EEUU para "poner en su lugar" a Rusia, se desarrollaba con complicaciones.

Los ministros necesitaron varias horas para coordinar el texto del comunicado final, el que resultó ser asombrosamente predecible: los 26 países del bloque atlántico llegaron a la conclusión de que ellos seguirán viviendo al lado de Rusia y que van a hablar con ella en un tono correcto, pero duro. Los reunidos escucharon la intervención de la titular de Asuntos Exteriores de Georgia, Eka Tkeshelashvili (ella insistió en aplicarle a Rusia todas las sanciones imaginables, incluida la expulsión de muchos organismos internacionales), pero se negaron a concederle la palabra al embajador de Rusia ante la OTAN, Dmitri Rogozin.

Este último desde el 8 de agosto venía insistiendo en ser recibido y escuchado por los ministros y embajadores ante la OTAN, para explicar y fundamentarles la posición de Rusia. Pero de Rogozin partía el peligro de hacerle mucho daño al cuadro general, por lo cual no lo recibieron ni le permitieron ofrecer rueda de prensa en la sede de la OTAN al término de la reunión extraordinaria. Verdad que los funcionarios de la Alianza Atlántica nunca han ocultado que la misión de ellos no consiste en contribuir a la objetividad informativa ni política sino en proteger los intereses del bloque y sus participantes.

En cuanto a los resultados de la reunión, la respuesta política de la OTAN a Rusia se sabía de antemano más o menos.

A insistencia de EEUU, la Alianza aceptó instituir la comisión OTAN - Georgia (análoga a la de OTAN - Ucrania), la cual se encargará de coordinar el fortalecimiento de los vínculos militares de Tbilisi con el bloque; así como confirmó la disposición a admitir a Georgia en la OTAN en un futuro. Pero la Alianza no mostró disposición a apoyar la propuesta de George Bush de renunciar a la cooperación militar con Rusia y la celebración de reuniones en la cumbre con ella.

EEUU aspiraba a mucho más. La secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice, apenas hubo llegado a Bruselas, confirmó los recelos de los europeos de que los estadounidenses han recaído en un período de turno de "frenesí diplomática", períodos que suelen sobrevenir siempre que el país sufre reveses grandes. A Europa no le gusta un EEUU así, el que en tal estado suele abrir todas las cartas. En el Viejo Mundo acostumbran actuar sin hacer mucho ruido, con cautela. Rice, por ejemplo, de entrada declaró que la OTAN no debe cederle a Moscú "victoria estratégica". "Debemos privarla a Rusia de la posibilidad de cumplir tareas estratégicas, las que consisten obviamente en minar la democracia georgiana (...). No podemos permitirle a Rusia trazar nueva línea por las fronteras de los Estados que todavía no están integrados en las estructuras transatlánticas", manifestó Rice. De omitir "conjuros democráticos, resultará que ella en esencia proclamó que EEUU y la OTAN deben impedir que Rusia obstaculice una nueva ampliación del bloque, por medio de absorber éste a Ucrania y Georgia. Se trata de un viejo objetivo estratégico que se planteó Washington: el de cerrar el anillo otaniano en la más vulnerable región para Rusia.

Se creía, por lo visto, que los europeos percibirían lo de "victoria estratégica de Rusia" como una pavorosa revelación. Verdad que Moscú nunca ha ocultado su "tarea estratégica" de impedir que Georgia y Ucrania, especialmente con sus actuales regímenes, ingresen en la OTAN. Los europeos por su parte no están en contra de admitirlas, pero no todos tienen la plena seguridad de que haga falta hacerlo ni que convenga complicar y hasta hacer pedazos las relaciones con Moscú por la Ucrania de Yúschenko y la Georgia de Saakashvili. ¿Qué sentido tendría ello si la OTAN ya se ha acercado de lleno a las fronteras de Rusia?

Los ministros otanianos reunidos en Bruselas estaban resolviendo, en esencia, el rompecabezas clásico "Castigar no se puede indultar". Divididos en "grupos por intereses", ellos ponían la coma omitida donde cada grupo quería verla.

A los europeos los preocupaba desde hace mucho: ¿se irá el presidente Bush con tranquilidad o intentará dejar un recuerdo en la Historia, organizando algo descomunal? El "amigo George" optó por hacer lo último, lamentablemente para Europa. Se concibió la idea de introducir la Georgia de Saakashvili en la OTAN por medio de organizar masacre en Tsjinvali. Ello redundó en una auténtica catástrofe para Saakashvili, y ahora los estadounidenses intentan manchar con el fracaso sufrido a sus aliados otanianos y hacerlos presionar más y más sobre el Kremlin, el que no quiso tener a su lado otro Gobierno títere de la OTAN (o de Washington). Pero Washington no acaba de comprender por qué Moscú no acepta cosas tan elementales...

Como era de esperar, la respuesta política de la OTAN se redujo a una reacción simbólica, porque los viejos miembros europeos de la OTAN no se mostraron dispuestos a reducir los vínculos con Rusia. Verdad que no pueden menos que desconcertar ciertos ejercicios que planea realizar la OTAN. Según datos recibidos por el Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Rusia en los momentos en que se celebraba la reunión en cuestión, buques de EEUU, Polonia y Canadá entrarán en el mar Negro a finales de agosto. Un encuentro entre las Armadas de Rusia y la OTAN en un período de crisis no es precisamente aquello que podría infundir la esperanza de lograr un rápido arreglo del "conflicto caucasiano".

A pesar de existir una cierta disconformidad entre los europeos y Washington, a nadie le debe quedar la menor duda de que EEUU, con George Bush o con Barak Obama a la cabeza, siempre seguirá siendo el principal aliado del Viejo Mundo. Las ilusiones de que pueda producirse una escisión en la Alianza Atlántica no son más que ilusiones. Rusia no debe alimentarse de esperanzas respecto al "aumento de la dependencia de Europa" del gas, petróleo, madera y otras materias primas rusas. Nunca recibiremos tal presea por una "conducta ejemplar".

Además, no debemos temer que alguien en Europa, la Unión Europea, la OTAN, la ONU, la OSCE, etc., le ponga notas a Moscú por su "conducta". En vez de indignarnos, deberíamos hacerlo lo mismo, incluso utilizando la escala europea, aunque todavía no la hemos adaptado del todo a nuestras condiciones.


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