Por: Luis Alberto Matos
“Con la nacionalización de tipo socialista, la propiedad estatal se utiliza en interés de todo el pueblo y sirve de base para liquidar la explotación del hombre por el hombre”
E. F. Borisov
Pocos conceptos definen la diferencia entre chavismo y oposición, con tanta exactitud, ,como sus respectivas actitudes sobre la propiedad. “Es nuestro” se oye en un lado.
“Es mío” dicen en el otro. Y no sólo se refiere a lo cotidiano y de uso personal. Ni siquiera a lo que pudiera regir alguna Ley vigente o anterior. La posesión de bienes y espacios, para muchos y desde siempre, incluye todo lo por allí transita o respira.
CEMEX es un claro ejemplo. No es simplemente la posesión de una planta de cemento. Es el derecho que un grupo cree tener de manejar la construcción de una nación según corresponda a sus intereses financieros. Y no es sólo fabricar el cemento. Es dónde, qué y para quién edificar cuanto aquí sea necesario y conveniente.
Las 26 Leyes Habilitantes cubrieron importantes aspectos del acontecer nacional. La propiedad no estuvo incluida. Quizás fué mejor así, porque es un concepto vital, para el desarrollo del país, que amerita un análisis detenido y profundo. Pero es importante modificar la legislación para adecuarla al presente y futuro de Venezuela.
Más de cinco tipos
La Constitución garantiza el derecho de propiedad (Art. 115) con las “contribuciones, restricciones y obligaciones que establezca la Ley” ¡y se quedó muy corta!. Esto ya lo decían, aunque con otros vocablos, las cartas magnas que leo desde hace décadas. Parecía que sólo había propiedad pública y privada.
Cuando Chávez propuso la Reforma, decían que el Presidente había inventado cinco tipos de propiedad. Pero necesitamos más de cinco.
Es urgente diferenciar, por escrito y en la Constitución, los derechos tan disímiles que hay sobre un computador personal, los hidrocarburos del subsuelo venezolano, la calle que te lleva a tu casa, el lecho de los ríos, los campos donde se cultivan los alimentos, el fondo submarino de las 200 millas en el Mar Caribe, las acciones de una compañía anónima, el giro “valor entendido” que firmo a un acreedor, las escalinatas de mi barrio, mi parte en la empresa comunal, el puesto donde estaciono mi vehículo, el ascensor del edificio donde vivo, la patria potestad sobre mi hijo, mi derecho de autor sobre lo que escribo y los bienes de la comunidad conyugal que comparto con mi esposa.
Si el mismo artículo rige todo lo anterior, quedo desprotegido ante lo que alguien, obligado o por conveniencia propia, pudiera interpretar al respecto.
La tierra es otra cosa
El derecho sobre la tierra, entendida en su más amplio sentido, es algo muy diferente y que merece ser estudiado con muchísima atención y con asesoría desde muy diversos puntos de vista.
La tierra es de todos, especialmente esa enorme porción que genera vida, alimentos, aire, agua y movilización. Cuando alguien tranca una calle y pone una baranda con un guardia privado, está haciendo algo que debería estar expresamente prohibido en nuestras Leyes.
Los monopolios y oligopolios, en materia de tierra y espacios, tanto rurales como urbanos, no pueden ser tolerados.
Jamás se resolverán los gravísimos problemas de vivienda y hábitat, mientras las Leyes permitan, por exclusión del tema, que existan grandes estructuras, con muchos pisos, ascensores y sótanos, totalmente vacíos, “porque son para oficinas”, mientras haya tantas familias sin hogar, en un país de elevado crecimiento demográfico.
No es tan fácil
Con toda humildad y mucho respeto, pero con decisión y firmeza, este venezolano se permite solicitar a la Asamblea Nacional dedicar esfuerzos para modificar la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en lo relativo a la Propiedad. Estoy seguro que saben cuan importante y difícil es esa materia y la necesidad de asesorarse muy bien. ¡Sin prisa, pero sin pausa!
jaquematos@cantv.net
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